Viraje en pintura de Aguirre
por Andrés Zambrano, Editor de cultura
Franklin Aguirre (1969) tenía muy claro que algún día sus obras iban a estar en la bellísima casa del barrio La Macarena, que durante muchos años fue la sede de la galería Garcés-Velásquez, en Bogotá.
La esperanza se perdió cuando esta se cerró, pero este año su sueño tomó cuerpo cuando la casa volvió a ser galería, esta vez como Alonso Garcés Galería, y su nombre fue uno de los seleccionados para la nueva etapa.
Aguirre considera que la oportunidad le llegó en el momento propicio, justo cuando - asegura- su carrera llegó a la madurez. Colgar pinturas en las mismas paredes donde antes estuvieron las obras de nombres como Luis Caballero es una responsabilidad ante la cual no se puede ser inferior y es mejor llegar en el instante correcto.
Madurez del trabajo
La necesidad de poner en los lienzos lo mejor de su arte llevó al artista bogotano a explorar su yo interno, desgarrarlo y convertirlo en pintura. Fue un proceso intenso que para Aguirre representa casi un punto de quiebre.
"Una de las características -dice- que denota la madurez del trabajo de un artista es que puede llegar a una claridad conceptual tal que comprende que su arte tiene que acercarse a la vida. Uno trata de evadirse, pero al final tiene que comprender que el camino es ser honesto, cuando se libera de esas cargas la obra gana en claridad y contundencia".
Invierno-Verano, como titula su nueva exposición, está integrada por una serie de pinturas que, para Aguirre, fueron liberadoras. "Estos cuadros riman un poco con lo que pasa en el país, la violencia y, las nuevas formas de tratar a las minorías. Los grupos que antes estaban un poco marginados, en uno de los cuales me incluyo, están ganando un espacio de vida y en la medida en que se respete la diversidad todo mejorará".
En las obras de Aguirre es evidente la influencia del mundo de la gráfica, la publicidad y las nuevas tecnologías. Sus obras se nutren de un lenguaje que ha adquirido códigos universales, fácilmente entendibles por cualquier espectador.
En otras palabras, no requieren de un torrente de palabras para ser explicadas, son como se ven. "Creo que formalmente he llegado a un altísimo nivel de sofisticación y siento que mis obras pueden ser leídas por cualquier persona sin que tenga que apelar al contexto para descifrarlas".
A lo largo de su carrera y ese es quizás el principal mensaje de toda su obra, Aguirre ha querido poner el arte al alcance de todos, volverlo de verdad popular y sacarlo de las galerías y los museos, unos recintos que hoy tienen un carácter casi sagrado y que en muchos casos el ciudadano de la calle considera lejanos.
Por eso creó la Bienal de Venecia, quizás su proyecto más conocido, mediante el cual logró trasladar, aunque sea por unos días el polo del arte de Bogotá a un barrio del sur de la ciudad.
Aguirre accedió a las ligas mayores del arte. "Mis obras están en colecciones de Londres o Nueva York. El rango de personas que las tienen es muy elevado. Eso es un logro, pero yo quiero que acceda a ella otra gente. Por eso voy a trabajar en formatos más pequeños y con materiales industriales".
Ese es un recurso para poder ser consecuente, llegar a la Garcés es como tocar el techo, pero no se puede perder el polo a tierra y Aguirre no quiere ser la voz de un arte excluyente,